Con Anwar al Awlaki ha desaparecido otro islamista radical que había entendido a la perfección cómo reclutar a jóvenes musulmanes para la "guerra contra los infieles". Pero su muerte podría encender aún más la difícil situación en Yemen. Sus armas no eran los explosivos y las pistolas, sino las metáforas y los versos del Corán; para EEUU, era uno de los terroristas más peligrosos del mundo. Y es que las raíces yemeníes no eran lo único que vinculaba al ciudadano con pasaporte estadounidense con el líder de Al Qaeda, Osama bin Laden. Los dos predicaron la "guerra santa" y el odio contra Occidente. Y, de forma similar a Bin Laden, Al Awlaki se atribuyó el aura de un "héroe espiritual". Sin luchar, sólo a través de sus prédicas, se convirtió en una figura líder de las células en la península arábiga. En uno de sus últimos mensajes, calificó al presidente yemení, Ali Abdullah Saleh, de "criminal que entrega el campo a los estadounidenses. Y eso, no se lo perdonaremos nunca", dijo. Se refería a una publicación en Wikileaks, de la que se desprendía que, en un diálogo con el comandante estadounidense David Petraeus, Saleh prometió actuar como si tras los ataques contra supuestos terroristas estuviera su Ejército en lugar del estadounidense: "seguiremos diciendo que son nuestras bombas y no las vuestras". La frase sería también válida, para explicar el ataque aéreo en el que perdió la vida Al Awlaki, ya que ni el Ministerio de Defensa de Yemen ni la secretaria de Defensa de EEUU dieron datos exactos sobre quién mató al predicador y a varios de sus acompañantes (se cree que fue un avión no tripulado de EEUU). Para Barack Obama es otra buena noticia en el frente antiterrorista, como la muerte de Bin Laden. Pero para Saleh, la forma en la que fue aniquilado podría convertirse en un problema, pues el movimiento de protesta que intenta derrocarlo de su cargo desde febrero, no sólo lucha por la democracia y los derechos humanos sino que también es contrario, en su mayor parte, a las estrechas relaciones con Estados Unidos.